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Antecedentes

En América Latina y el mundo, distintos grupos de personas se han apropiado del tejido para narrar sus historias y hacer memoria de sus logros y trágicas experiencias.

 

En Chile, por ejemplo, durante los años de la dictadura, grupos de mujeres comenzaron un movimiento llamado  Las Arpilleras. Estas mujeres que habían sido afectadas directamente con familiares muertos o desaparecidos, lograron con tan sólo hilo, aguja y tela, hacer denuncias sobre los abusos y la violencia que se vivía a través de las historias que tejían. Esta fue su herramienta contra el silencio, volviéndose de esta manera, en las voces de la disidencia.

 

En Colombia, durante el 2011, gracias a la antropóloga Isabel González, tuve la oportunidad de conocer a  colectivos como “La asociación de víctimas por la paz y la esperanza de Sonsón” del departamento de Antioquia; las mujeres afrocolombianas “Mujeres tejedoras de sueños y sabores de paz” de Mampuján, Bolívar; y las mujeres de la ciudad de Medellín con su colectivo “Suju: el parque de los sueños justos”. Estos colectivos de costureros comparten en común el hecho de que sus integrantes han sido mujeres ‘víctimas’ directas del conflicto armado en Colombia. Ellas encontraron en el arte de tejer, una forma de hacer sus demandas y denuncias políticas sobre las injusticias que vivieron. Y en el ejercicio del tejido colectivo es que ellas en primer lugar, lograron sanar su dolor, y en segundo, encontraron la forma, desde este arte aparentemente ‘silencioso’, de no quedarse calladas y reivindicar el papel que históricamente se les había asignado de ‘víctimas’ pasivas y resignadas, para apoderarse del papel de mujeres transformadoras de su realidad.

 

Arpilleras Chilenas

Fuente: internet

Fotografías de los colectivos de tejedoras en Colombia durante la semana de la memoria en Medellín, 2011

Fotografías: Mariana Rivera

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